En el contexto de la semana de la memoria llevada a cabo en el establecimiento donde trabajo, tuve la oportunidad de asistir a un conversatorio cuyo invitado principal fue Patricio Jorquera.

Patricio, en calidad de ex-alumno, y hermano de Mauricio Jorquera, detenido desaparecido durante el golpe de estado, se sentó a narrar parte de su historia y vivencias. La conversación osciló entre el pasado y presente, intentando también dar respuesta a las inquietudes revolucionarias de las jóvenes mentes que se encontraban atentas escuchando su relato en el auditorio.

Al finalizar el encuentro, una frase en particular me quedó dando vueltas, aludiendo a la idea de que la memoria no es abstracta, todo lo contrario, la memoria tiene nombre, rostro, trae consigo el peso de la historia y camino recorrido, la memoria se hace tangible en cuanto podemos oírla, leerla, observarla.

La memoria se hace memoria en tanto nos permite acceder a ella a través de las narraciones que nos comparten otros. Los relatos entonces se configuran como un espacio de encuentro, que permite cuestionar, preguntar y re-construir aquello de lo que no hemos sido parte por cuestiones temporales.

Creo que, en esta época, es más importante que nunca el espacio y valor que otorgamos a la narrativa como parte constitutiva de nuestra historia colectiva.

Gracias Patricio por tu entrega, y por permitirme, a través de tu relato, acceder a aquella memoria que no forma parte de mi vida, pero si de mi lucha.